De la euforia a la decepción: la visibilización de las mujeres en la música clásica

¿Puede una obra musical revelar el sexo de quien la compone? La obra en sí misma desde luego que no, pero sí el espacio en el que ésta sea programada. Las obras de las compositoras han pasado de ser ignoradas a ser relegadas a festivales o ciclos específicos que reducen sus creaciones a un hecho contingente. Después de la euforia y el entusiasmo del primer redescubrimiento de su repertorio, nos encontramos con la decepcionante realidad de que apenas tienen representación en las programaciones estables. En pleno siglo XXI, el número de compositoras ha crecido exponencialmente, pero, según un estudio titulado ¿Dónde están las mujeres en la música sinfónica? realizado por la asociación Clásicas y Modernas, en colaboración con la Fundación SGAE y las asociaciones Mujeres en la Música y Mujeres Creadoras de Música en España, únicamente el 1% de las obras sinfónicas programadas por las orquestas españolas son de mujeres compositoras. En cuanto a las directoras de orquesta, según el mismo estudio (circunscrito a la temporada 2016-2017), sólo representaron el 5% en las programaciones.

Se ha hablado mucho -aunque no suficiente- de la invisibilidad de las mujeres creadoras en las artes plásticas. La artista María Gimeno las introduce literalmente en su conferencia performativa Queridas Viejas: cuchillo en mano, incluye en el célebre tratado de Historia del Arte de Gombrich a aquellas pintoras, escultoras, grabadoras, etc. deliberadamente excluidas, pero cuya calidad artística las avala. ¿Pero qué ocurre con la música clásica, en concreto con la música sinfónica, uno de los ámbitos artísticos más conservadores? Solemos afirmar que en el campo de la interpretación se ha alcanzado finalmente la igualdad de condiciones para hombres y mujeres, al menos en lo referente al salario y a la posibilidad de acceder a una plaza (las llamadas audiciones ciegas aseguran el anonimato de las personas candidatas). Sin embargo, el panorama cambia cuando nos referimos a compositoras y directoras. No parece casual que se trate de los roles de mayor protagonismo y prestigio. Al fin y al cabo, está en la tradición que una dama sea una virtuosa en un instrumento solista, pero  el inconsciente colectivo patriarcal parece llevar implícita la idea de que la música compuesta por mujeres es de segunda categoría y que la condición femenina es incompatible con el talento creativo y con el liderazgo. Como gestora cultural, y también como instrumentista con experiencia en diferentes orquestas sinfónicas, puedo asegurar que parte del problema radica en la ignorancia -o incluso la justificación- de la existencia de tal discriminación por parte de las mismas integrantes del sector. Si en los conservatorios únicamente se estudian obras de compositores hombres, si en los tratados de musicología se elude una parte de la historia, no puede sorprendernos que la genealogía musical se siga construyendo en masculino. 

Hubo un tiempo en el que yo creía tener talento creativo, pero he renunciado a esa idea; una mujer no debe tener el deseo de componer: si ninguna ha podido hacerlo, ¿por qué iba a poder yo? Después de todo, las mujeres no hemos nacido para componer. Así expresaba Clara Wieck en su diario sus tribulaciones poco antes de casarse con Robert Schumann, cuyas obras ayudó a difundir con su maestría interpretativa, a mediados del siglo XIX. Parece mentira que casi dos siglos después y con cuatro décadas de estudios de musicología feminista a nuestras espaldas (movimiento crítico y académico surgido en los setenta para rescatar del olvido a las compositoras y sus obras y reivindicar su presencia en la programación de conciertos de música clásica) nos encontremos con que la ausencia de la mujer en las programaciones sigue siendo una realidad. Muchos (y muchas) calificarán las iniciativas de visibilización de mujeres artistas de moda, e incluso(y deseablemente) de pasajera. Pero la moda surge cuando se convierte la labor social en pro de la igualdad en eventología. ¿Por qué es fundamental esta labor de visibilización? No se trata únicamente de hacer justicia, ni de enriquecer y corregir el canon impuesto por el patriarcado. Geena Davis lo expresó de manera clara y concisa: If she can see it, she can be it. Ahí radica la importancia de la visibilización de las mujeres artistas para la configuración de la sociedad futura, una sociedad que deseamos igualitaria. Desde la perspectiva androcéntrica del arte hemos recibido y recibimos la legitimación de discursos excluyentes hacia un género. Lo que no se nombra no existe. Y si no existe, las nuevas generaciones de mujeres no encontrarán referentes que les demuestren que aquello que desean ser (en este caso artistas, creadoras) puede hacerse realidad. Sin esta labor divulgativa y persistiendo en la defensa de una estructura social previa que favorece las actitudes machistas, difícilmente podremos alcanzar una paridad real.

¿Quién puede citar el nombre de una compositora? Extraño mundo este en el que alguien puede considerarse melómano o melómana, o incluso profesional del sector, sin poder responder a esta pregunta. Héloïse Luzzati se dio cuenta después de 30 años de vida consagrada al violonchelo de que nunca había interpretado  una obra compuesta por una mujer. Tras una fase de investigación ha creado el Festival “Un temps pour elles”, cuya primera edición se celebró en septiembre de 2020 en el parque del Castillo-Museo Rosa Bonheur, en Thomery, a cincuenta kilómetros de París. No se eligió este escenario por casualidad: Rosa Bonheur, nacida en 1822, fue una pintora y escultora reconocida en su tiempo que logró vivir de sus obras, y en cuya vida la música tuvo gran presencia. Sin embargo, fue olvidada en el siglo XX, como tantas artistas en un sistema patriarcal de resistencia a la autoridad femenina. Este festival pretende ser un decidido reconocimiento hacia la creación musical de las compositoras, mostrando al público obras inéditas desde el siglo XII hasta nuestros días, injustamente borradas de la historia. Héloïse Luzzati y Lou Brault, co-directoras del Festival, comparten una poderosa militancia a favor del reconocimiento y (re)descubrimiento de las compositoras y su repertorio. Esta primera edición ha presentado 21 compositoras a través de 18 conciertos durante dos meses.

Ojalá en un futuro no tan lejano no hagan falta iniciativas específicas y las creaciones de las mujeres y de todos los demás colectivos discriminados por el heteropatriarcado logren, gracias a un trabajo conjunto, la igualdad.

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